Down limpio

Ella tiene 14 años, le pilla su madre recibiendo estos stickers de su noviete en el Whatsup. Se monta la de dios, la madre del chaval va a la comisaría con el niño para denunciar a su propio hijo (en la imagen que he pixelado se puede ver un niño con lo que parece una polla en la boca), la policía dice que es odioso, pero que no hay delito de odio ni de ná. Joder, los chavales están experimentando con los límites.

Recuerdo cuando yo tenía como 20 años, y a un colega le encantaba ver todos esos vídeos de asesinatos, violaciones, torturas, mutilaciones… me lo enseñó. Devastador. Estaba a dos clicks, bastaba con poner en google “le cortan la cabeza”, y ahí estaba. Ahora está a 5 clicks, pero sigue estando y hay webs enteras (no en la darkweb, sino en la web normal, en la luminosa), ahora los chavales van mucho más pronto a buscarlo, a experimentar con el shock del horror y sobretodo a experimentar convertirse ellos mismos en parte del horror con su indiferencia. Recuerdo que lo que más me impactó fueron los comentarios de aquellos, eran exactamente igual que los de los vídeos de Youtube, pero referidos a aquel horror… “cómo mola cuando le aplastan la cabeza”, “joder, si os ha molado como le desmembran os recomiendo que veáis a este vídeo, el tío no para de gritar incluso cuando le han cortado las piernas”, “jajajaj ju jaja jiii … cómo he flipado”.

Uno de los riesgos es que los chavales lo vean como ficción, con un distanciamiento cínico. Y supongo que es de eso de lo que se le puede acusar a este chaval. Pero no deja de ser un reflejo de cierto comportamiento que también se daba en mi barrio. En la Alameda de Osuna (Madrid), cuando teníamos esa edad, quemábamos coches, asaltábamos y robábamos las tiendas por la noche (aunque fuera una panadería, para llevarnos unos bollos), les quitábamos el coche a nuestros padres y falsificábamos su firma para cobrar cheques, le dábamos de hostias a alguien simplemente por cómo vestía, recuerdo una vez que había una chavala como borracha, que se había escapado de su casa, y se quedó en el descansillo del ultimo piso de mi edificio a dormir, se corrió la voz, dijeron que era nifómana, y pasamos por lo menos seis u ocho chavales (o diez) a toquetearla y no sé si alguno se decía que se la había metido o qué. Pero era cómo … “eh tíos! Hay una chica medio inconsciente y te la puedes follar, quién quiere subir!”.

La muchachada es inofensivamente hostil, juega poner un pie en el otro lado de la línea roja del horror, con la esperanza de que toda consecuencia sea un bofetón de padre.